¿Qué es la psicoterapia?

La presente es una nota que intenta integrar las diferentes perspectivas de la práctica psicoterapéutica y promoverla con responsabilidad y ética profesional.

La psicoterapia es una forma de tratamiento psicológico en la que elementos como la técnica que se emplea y lo emocional entran en una dinámica de funcionamiento conjunto que permite lograr los más diversos objetivos que traen los pacientes como demanda, esto es: reestablecimiento del equilibrio emocional, cura de un padecimiento psíquico, superación de una crisis, necesidad de construir relaciones con sentido, necesidad de liberarse de sus propias restricciones, o quizás vienen únicamente en busca de un receptáculo donde depositar emociones disonantes sin buscar comprensión…entre otros. Y todo puede ser aceptable en la medida de nuestras posibilidades.

Cualquiera que sea la demanda y necesidad por la que se nos solicita, es importante ponernos de acuerdo sobre lo que vamos a hacer. De ello depende el proceso terapéutico, es decir, el curso, el sentido que va a tener el encuentro del trabajo “paciente-terapeuta”.

Se ha insistido que la psicoterapia es una práctica dónde los que participan, paciente y terapeuta son iguales. Estamos de acuerdo hasta cierto punto, sobre todo en el plano humano en el que sin duda hay igualdad absoluta entre ambos y también en el punto que lleva a esclarecer que nuestra función como terapeutas es ir al lado de nuestro paciente para señalar el camino que viene tomando, para describírselo desde otro lugar y no para sugerirle el que “debe tomar”.

En aquello que no concordamos en materia de “igualdad de la relación”, es en el reconocimiento que el terapeuta tiene una responsabilidad fundamental en el trabajo que establece con su paciente, que básicamente es la investigación de su psiquismo además de una relación de confianza que lo permita.

Otra diferencia es que el terapeuta posee una técnica, la misma que demanda conocimientos y práctica cualificados y sobre todo un importante ejercicio o función que consiste en abstenerse de enjuiciar al paciente. Sólo con neutralidad se podrá acceder a la exploración de la vida interior de los pacientes, quizás porque desde allí conseguirá ser diferente y transmitir la seguridad necesaria.

Nuestra labor moviliza gran subjetividad, los terapeutas somos una especie de contenedores receptivos de las manifestaciones que se nos confían, no se trata de “consentir” a los pacientes, más bien es reforzar cualquier sentimiento de valor y de conciencia de sí o de ciertas partes identificadas a través del trabajo terapéutico y que no encontraron por sí mismos en el curso de su desarrollo personal.

Nuestra técnica también implica comprender los sentimientos del paciente (los conscientes y los no conscientes) e identificar su estructura de personalidad y por ello hacemos nuestro trabajo cuyo fin es “integrar” las diferentes partes que se encuentran en oposición entre ellas, por ejemplo el amor y el odio; o el lado más primario con el lado más elaborado que pueda haber desarrollado y que le ocasiona gran confusión, entre otros.

Finalmente añadir que un factor fundamental en el proceso y progreso terapéutico es la personalidad del terapeuta en tanto pueda facilitar la creación de un vínculo consistente y seguro donde la empatía le permita escuchar, comprender, responder profesionalmente la demanda del paciente.

 
Lilian Suárez Bengoa
COP M-18289

Nuestro espacio terapéutico

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