Archivos Mensuales: agosto 2014

Efectos terapéuticos de la palabra

Muchas personas que nos consultan se quedan sorprendidas cuando se enteran que los psicólogos y psicoterapeutas no medicamos y más cuando transmitimos que el trabajo o técnica psicoterapéutica se realiza básicamente a través de la palabra; mejor dicho que el proceso terapéutico lo llevaremos a cabo a través de la comunicación verbal y la no verbal.

Para comprender éste mecanismo nos remontaremos a Iván Pávlov quien en su trabajo sobre la sugestión y la autosugestión, confirió a la palabra un valor terapéutico y profiláctico. Pávlov dijo que la autosugestión se produce por acción sugestiva de los procesos corticales que se relacionan con el segundo sistema de señalas (estímulos verbales). Proceso que explicaría fenómenos como el embarazo imaginario o la estigmatización de fanatismos religiosos o de alguna otra ideología.

Hoy en día, la mayoría de personas poseemos grandes cantidades de información como nunca antes el ser humano había poseído o tenido tan a mano. A partir de ello, por ejemplo podríamos tener la ventaja de conocernos mejor, sin embargo lo que dificulta ésta posibilidad es la poca profundidad con la que tendemos a conocer las cosas.

Una conversación que se lleve a cabo a través de palabras expresadas con tonos pausados, respetuosos y empáticos; un oído atento y receptor, con una mente alerta y paciente, son elementos que dan el impulso necesario para que actúen y fluyan el conocimiento, la reflexión, las preguntas, el discernimiento y la comprensión de la situación.

En las sesiones preliminares, los terapeutas hacemos la “anamnesis”, que consiste en traer a la memoria datos relevantes de la historia del consultante o paciente y en relación a su dolencia o padecimiento. Consiste en hacer preguntas que contribuyan a descifrar signos y síntomas con el fin de alcanzar una conclusión que oriente las posibilidades terapéuticas.

Los consultantes o pacientes necesitan sentirse escuchados y comprendidos. Esto es de por sí terapéutico en tanto pueden sentir apoyo y lo que es muy importante, confianza frente a sus temores. Lo ideal sería que los terapeutas podamos transformar el mero cuestionario clínico en una conversación capaz de explorar la psiquis conteniendo los miedos del paciente.

El proceso psicoterapéutico es una vivencia personal única, se realiza a través de la conversación entre los protagonistas, paciente y terapeuta, y ambos necesitan saber interpretar y comprender lo que se dice, lo que no se dice, desde dónde se dice y el por qué se dice. Todo ello en medio de la espontánea confianza que va surgiendo entre ambos, tal cual sinapsis o conexión intensa y auténtica cuyo efecto es lo curativo, lo terapéutico…es como una movilización al unísono cuya fuerza del deseo curativo del paciente y el conocimiento y habilidades de terapeuta se ejecutan en una sinfonía que actuará sobre los centros nerviosos específicos consiguiendo modificar estados mentales.

Las neurociencias nos permiten afirmar hoy en día que las palabras pueden modificar el comportamiento celular. Lingüistas rusos descubrieron que el código genético sigue las mismas reglas de todas las lenguas. El poder de la palabra sobre la salud, sostenido durante milenios por diversas corrientes de pensamiento, quedaría así confirmado o por lo menos en una dimensión de exploración e investigación.

Lilian Suárez B.
COP M-18289
http://www.tiempoterapeutico.es

El efecto terapéutico de la palabra

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¿Qué es el Tiempo Terapéutico?

Las personas vivimos diferentes momentos a lo largo de nuestra vida. Desde que nacemos pasamos por una serie de situaciones en las que podemos reconocer un tiempo entre el inicio y el final. Así, observamos que hay un tiempo para crecer y desarrollar físicamente, otro para crecer o madurar psicológicamente. Los tiempos o momentos se marcan etapas a lo largo de nuestro ciclo vital.  Son acontecimientos que transcurren más o menos con cierta similitud, en el género humano, en cuanto a los espacios de tiempo que ocupan y a los conflictos que representan. Así tenemos las crisis de la infancia, de la adolescencia, el abandono del hogar paterno, la vida en pareja, la paternidad o el envejecimiento.


Sin embargo, existen diferencias individuales que marcan aquello específico o particular para cada uno de nosotros en cuanto a la forma de vivir esos momentos. Una diferencia es el tiempo interno, el mismo que nos hace ser productivos o no en determinadas situaciones.  Es el estar listo para algo,  para emprender algo diferente, como por ejemplo cambiar de trabajo o iniciar una relación de pareja o ser padres.  Es la psicología personal, individual, la que nos hace vivir estos momentos de una manera u otra, es decir con buenas sensaciones o con frustración. Aquí, los pensamientos y las emociones juegan un papel determinante en el desarrollo del conflicto y su resolución.


Además de tener en cuenta las diferencias individuales, los terapeutas prestamos atención a la actividad del psiquismo ya que será determinante en la forma de actuar. Otras herramientas que necesitamos tener bien afinadas son la sensibilidad, la flexibilidad, el razonamiento intuitivo, el conocimiento de los padecimientos mentales y emocionales y la creatividad suficiente para hacernos preguntas reflexivas sobre lo que acontece a nuestro paciente o consultante.


El trabajo terapéutico además, está sujeto a un tiempo que determinará el proceso para conseguir un cambio o la mejoría de algún síntoma. Se trata del “tiempo terapéutico”.


Los terapeutas por lo general, iniciamos el trabajo estableciendo un diagnóstico que servirá para describir el funcionamiento psíquico y aquellos elementos que debilitan a la persona que consulta con el fin de establecer una relación entre los síntomas, la historia personal y la situación actual.  Los elementos que obtendremos de la evaluación diagnóstica y las relaciones que conseguimos establecer nos llevarán a plantear las hipótesis que nos permitirán planificar la psicoterapia o curso del tratamiento psicológico. Los terapeutas necesitamos de habilidades para la interpretación del  momento evolutivo del paciente y  gran  agudeza para observar las manifestaciones psíquicas y somáticas con el fin de integrarlas en el proceso terapéutico.


Otro aspecto importante es poder contemporizar nuestra práctica profesional con las necesidades y tiempos internos de cada paciente o cada consultante. No se trata de hacer lo mismo con todos y cada uno, hay que elegir el mejor camino según la persona y su demanda con el fin de conseguir el “cambio” o la “cura” deseados.


Finalmente, tener en cuenta que todo es dinámico y por tanto los cambios son una constante. Bienestar y malestar siempre estarán en movimiento, y los efectos que producen en las personas también son susceptibles de modificaciones. La tendencia natural son los movimientos hacia la salud, la fuerza curativa para la cual el tiempo es un instrumento esencial.


Lilian Suárez Bengoa.

COP M-18289

http://www.tiempoterapeutico.es

Si deseo una mayor rentabilidad en cualquier aspecto de mi vida, debo invertir. Uno de los recursos más valiosos que poseemos todos es el tiempo...

La filosofía de Tiempo Terapéutico