Estereotipias del terapeuta

 

No todos los tratamientos psicoterapéuticos son buenos, a veces pueden resultar prejudiciales. Quiero reflexionar sobre algunos aspectos que inciden en una práctica iatrogénica de la psicoterapia. La psicoterapia como cualquier disciplina de la salud mental se encuentra sujeta a diversas variables y entre ellas, a las características del terapeuta, las mismas que sumarán o restarán efectividad y beneficio a su praxis.
Nuestra práctica psicoterapéutica implica realizar un trabajo responsable y riguroso con la ética, poniendo suma atención a todo aquello que interviene interfiriendo un buen proceso terapéutico; no olvidemos que nos hacemos cargo del sufrimiento humano con la intención de acompañar al paciente en la elaboración de vías de resolución de sus conflictos.
A continuación nombraré algunos puntos que he podido observar, indagar en diferentes artículos y que pienso es conveniente observarlos con especial atención de modo que hagamos de nuestro ejercicio ante todo, un trabajo no sólo profesional sino también funcional y efectivo.

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  • La falta de flexibilidad del terapeuta o dicho de otra manera, a aquella praxis que se caracteriza por la repetición dogmática de enunciados (por ejemplo atribuir todo a las “resistencias”). Es una situación dónde el paciente no puede dialogar con el terapeuta porque éste último tiene la creencia de estar en posesión de la verdad, así como de tener una conciencia privilegiada. Esto es, que tiene una actitud soberbia en tanto no considera por igual al paciente, ni mucho menos compañero de trabajo, y lo peor, creerle incapaz de evaluar la situación y/o refutar sus puntualizaciones o interpretaciones.

 

  • En el intento de buscar explicaciones profundas a todo, el terapeuta puede invalidar o menoscabar la experiencia del paciente, insistiendo en que el significado de lo que dice, piensa o siente es otro. Esto es, que no cuida lo que dice, cómo lo dice y por ende ignora los efectos que tienen sus palabras. Así sólo conseguirá que el paciente se sienta molesto y hasta perseguido.

 

  • No salir del enfoque teórico con el que se maneja desde su formación (cualquiera que sea), no querer conocer otros y recharzarlos sin siquiera conocerlos. Esto es encasillarse, y desconocer que el carecer de una mentalidad inter y multidisciplinaria además de abierta a diferentes conocimientos puede reducir significativamente el campo de trabajo con el paciente limitando posibilidades y opciones.

 

  • La falta de conciencia del terapeuta acerca de sus propias actitudes y conductas (como por ejemplo, ignorar cómo responde a las necesidades y demandas del paciente), quizás se explique reconociendo que no ha pasado suficiente tiempo en el “rol de paciente”; esto es que tiene una formación incompleta o en déficit. Razón por la que no consigue neutralizar los propios elementos personales, que sin lugar a dudas interferirá en su práctica. Es más, cuando se carece de un trabajo didáctico, el terapeuta (o quien dice serlo) se encuentra muy limitado, no logrando entender el mecanismo por el cual transfiere sus afectos más básicos a sus pacientes, con el alto riesgo que implica gener movilizaciones innecesarias (en ambas direcciones, paciente-terapeuta y viceversa).

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  • Falta de empatía o respuesta sensible del terapeuta y calidez. Esto no se consigue con años de formación ni con un conocimiento cabal de la clínica y/o dominio de las técnicas de intervención. Quizás sea más cuestión de personalidad (formación y crecimieto personal) que no genera la confianza básica y suficiente para contener y seguir a su paciente de un modo respetuoso, amable y empático. Además de desafortunadas intervenciones verbales pueden mostrar una actitud distante, transmitiendo al paciente inseguridad y confusión, lo que hará difícil que haya un verdadero trabajo elaborativo. Por el contrario, lo que conseguirá es ir debilitando su autoestima a medida que confiera a su terapeuta todo el poder y el conocimiento absoluto de sí mismo, mientras que él se sentirá cada vez más vulnerable e incapaz de evaluar la realidad por sí mismo y mucho menos de tomar decisiones.

 

Lilian Suárez Bengoa
COP M-18289
http://www.tiempoterapeutico.es

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