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Indicadores de bienestar emocional

Una de las competencias básicas que necesitamos desarrollar en la vida es educarnos sobre nuestras emociones. Aludimos al término educación en tanto encierra términos como comprensión, acercamiento e identificación de los estados emocionales por lo que atravesamos continuamente en el diario vivir. El objetivo de una buena educación en emociones es generarnos conciencia, regulación y gestión emocional, con el fin de desarrollar buenas habilidades de vida y bienestar, esto es estimular apropiadamente nuestra inteligencia emocional e interpersonal para vivir en estado de felicidad predominantemente.PostBlogBienestar

Es cierto que se viene hablando constantemente sobre “gestión o autogestión” de aquello que sentimos, y poco de los criterios que pueden llevar a afirmar o negar que experimentamos bienestar.

Por esa razón compartimos algunos criterios que hemos ido observando a lo largo de nuestro ejercicio profesional y que pueden indicarnos si vivimos en bienestar (“estar bien”) emocional, aun cuando exista algún tipo de discapacidad:

  • Predominancia de sensación subjetiva que la mayoría de emociones que experimentamos son positivas (aunque las emociones negativas son inevitables). Esto es, experimentar la vida de un modo placentero, con optimismo y paz interior.
  • La curiosidad por aprender, conocer y descubrir está presente y conciente.
  • Equilibrio entre la calidad de vida subjetiva y objetiva. Aceptación del estilo de vida que se haya adoptado.
  • Apropiado control del estrés, técnicas personales para re-direccionar cargas inevitables del día a día.
  • Actividad productiva vigente (o resultante de los años de trabajo) que proporcione seguridad y tranquilidad material.
  • Relaciones familiares, de pareja y sociales predominantemente satisfactorias.
  • Predominio de buena salud, recursos asistenciales y apoyo social. Mínima o ninguna medicación.
  • Buena alimentación que no sólo consiste en nutrirse apropiadamente sino en disfrutar de la comida.
  • Satisfacción con los propios hábitos de sueño.
  • Convicción de crecimiento o desarrollo personal ilimitado.
  • Ajuste psicológico que permite experimentar, valorar y reaccionar ante situaciones de la vida cotidiana con juicio crítico a la vez que con asertividad y empatía y no con desbordamiento de emociones intensamente negativas.
  • Autosatisfacción en la mayoría de actividades que realizamos durante el día incluso con las cosas más pequeñas o aparentemente insignificantes.
  • Certeza de tener o poder crear oportunidades para seguir persiguiendo metas y objetivos en la vida.
  • Realización personal en cualquier aspecto, personal, profesional, familiar o social.

Por supuesto que existen muchos más indicadores y hasta se pueden personalizar de acuerdo a la circunstancia y momento de vida de cada quien.

Os invitamos a poder hacer vuestra propia lista de indicadores de aquello que representa que vivís en “bien – estar”.

 

El equipo de Tiempo Terapéutico.

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¿Tenemos espíritu crítico?

Pensar de manera libre es un buen objetivo a alcanzar en nuestro desarrollo personal. Aunque hemos de reconocer que se ha vuelto complicado porque es más fácil aceptar todo lo que nos dan sin cuestionar. La educación que recibimos en casa y en la escuela no fomenta a gran escala el libre pensamiento, sólo lo menciona o intenta orientarnos a ello pero no con las herramientas adecuadas y el objetivo claro.

Y muy por el contrario, somos formados como “repetidores” de los pensamientos de otros. Lo cual no estaría mal si a partir del pensamiento de “otros”, podemos perfilar el nuestro, produciendo ideas, relacionándolas, analizando todo cuando hay, siendo flexibles para entender las posturas de otros.

Para algunas personas, esto puede resultar agotador…quizás, no lo negamos…pero pensamos que es difícil sólo al principio. Que una vez superadas las barreras de las restricciones para “pensar diferente”, para decir lo que pensamos y expresar que algo no nos gusta o convence; quedará una vía en la que la reflexión es el motorcito que pone en marcha nuestras habilidades, la comprensión a partir de nuestra propia experiencia y modo de ver el mundo.

Vencer el miedo a el “qué dirán”, o …¿y si no les gusta lo que digo?, o…¿y si nos equivocamos?, etc., etc. Es decir todo aquello que nos llevan a interpretaciones en extremo subjetivas que no son otra cosa más que “posturas defensivas”, que más que contribuir, nos paralizan…

Y algo más sobre ésta especie de parálisis que podemos asumir… es cuando nos aferramos a la “esperanza”…La esperanza puede ser una invitación a la pasividad, sobre todo si la recibimos de los medios de comunicación y de personajes públicos o famosos, que suelen llenarnos de esperanza para que “esperemos” y no hagamos otra cosa.
Ojo con ello…

Finalmente, ayuda también a alcanzar el objetivo de conseguir un espíritu crítico, el saber que llevamos luz propia, que tenemos valor…saberlo nos ayudará a vencer el temor a preguntar, a decir…a ser criticados…

La crítica puede ser constructiva, puede hacernos dar cuenta de algo que ignoramos o que en su momento no vimos y por tanto ser una contribución más que un intento de desestimar o destruir.

“Nuestro valor no viene de los otros, viene de nosotros mismos”

“La luz que te fortalece está dentro de ti”

SAMSUNG DIGIMAX D530El equipo de Tiempo Terapéutico.
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Cometer errores…¿repararlos o gestionarlos?

“Cometer un error y no corregirlo es otro error”. Confucio.

No es tan sencillo como borrar en papel…goma-borrar-tecla
Las personas estamos expuestas a la situación de cometer errores, y es muy frecuente.
Cuando tenemos la certeza subjetiva que hemos hecho algo bien no es que surja de manera casual, tras ello hay una serie de errores “sistemáticos” que nos han ido marcando un aprendizaje, hasta que por fin lo hacemos bien.

Nuestra tendencia es sobreestimar la intensidad de las emociones que pensamos nos provocarán ciertos acontecimientos, por ejemplo pensamos que las emociones buenas se van a mantener por más tiempo, o sea a prolongarse. Lo mismo pasa con las emociones “malas”, y quizás más porque a veces llegamos a pensar que no nos recuperaremos de algún impacto negativo.

También está el miedo a cometer errores, lo cual representa un problema para aprender cosas nuevas o para hacer cambios. Por ejemplo, cambiar de trabajo. Casos en los que alguien aún sabiendo que le resulta un sufrimiento seguir, no se atreve a cambiar porque ello implica nuevos retos y/o habilidades por aprender. El miedo siempre será a fallar o a no adaptarnos y en consecuencia a no sentirnos bien.

¿Qué es mejor? ¿Reparar o gestionar los errores?
Depende de la situación. Hay momentos en que nuestra equivocación puede perjudicar a otros y es quizás donde mejor encaja la actitud de reparación, es decir reestablecer, arreglar, recuperar la confianza que se rompió en un momento a causa de un fallo producto de diversas índoles como falta de atención (descentración), falta de empatía (de ponerse en el lugar del otro), por impulsividad o precipitación…

El término “gestión” alude más a la posibilidad de hacer pequeños pasos o trámites en nosotros mismos con la intención de conducirnos hacia el logro de un objetivo que bien puede ser no cometer errores, en otras palabras, sería encaminarnos concientemente hacia la consecución de algo con la sensación de acierto.

En ambos casos, es primordial mantener una buena actitud, pensar o considerar los errores como  fuente de sabiduría, de aprendizaje y de conocimiento, una oportunidad. Los errores nos recuerdan que no somos infalibles, que siempre vamos a ignorar algo, que no podemos saberlo todo y que sin errores tampoco habría aciertos, y porque además nadie es perfecto.

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