Las “pérdidas del desarrollo”

Imagen de Guía Bebés.

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Desarrollar es crecer. Es elaborar pérdidas inevitables en el transcurso de evolución.
La elaboración de las pérdidas del desarrollo tiene como base una compleja interacción entre el mundo interno y su encuentro con el mundo externo.

Para que sea posible la constitución de un ser autónomo, con mente propia, necesita haber elaborado e integrado las pérdidas y para ello haberse enfrentado a la experiencia de la angustia. Sólo así se podrá percibir y experimentar la separación entre sujeto y objeto; ya que la angustia que surge le permitirá generar, cual fuerza impulsora, la fantasía simbólica de las huellas de la experiencia.

Este es el proceso que abrirá el espacio (a partir del resquicio que se irá abriendo entre sujeto y objeto) para la expresión de deseos o frustraciones. De ahí surge la importancia de no adelantarse a interpretar las señales que un bebé va formulando en su encuentro con el mundo fuera de la dupla madre-hij@, cuando el sistema que inicialmente se constituyó como de un cuerpo para dos (durante el embarazo), necesita dar paso a un sistema de dos, cada uno con mente propia.

Cuando este proceso no ocurre, es decir cuando hay ausencia de experiencias de separación, de pérdidas y frustraciones progresivas, no se puede estructurar con claridad una diferenciación entre el “yo” y el “no yo”, dando paso a la fantasía del control omnipotente ya que ese bebé experimenta que su madre (pese a toda la sofisticación de su desarrollo hasta ese momento) se encuentra por completo “a su servicio”.

Freud describió en 1926 la asimetría en la díada madre y bebé, donde éste último nace como con una “naturaleza débil de los instintos”, pues necesita de otros para sobrevivir.

Melanie Klein

Melanie Klein

Melanie Klein dijo que la primera gran pérdida es la del pecho materno y la que imprimirá un sello a las sucesivas pérdidas y que cualquier patología se puede explicar a partir de la organización de situaciones de riesgo durante etapas evolutivas.

Una de las tareas en Tiempo Terapéutico es trabajar la historia de la “diferenciación” de cada paciente que decide seguir un proceso de terapia personal.

 
Lilian Suárez B.
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¿Tenemos espíritu crítico?

Pensar de manera libre es un buen objetivo a alcanzar en nuestro desarrollo personal. Aunque hemos de reconocer que se ha vuelto complicado porque es más fácil aceptar todo lo que nos dan sin cuestionar. La educación que recibimos en casa y en la escuela no fomenta a gran escala el libre pensamiento, sólo lo menciona o intenta orientarnos a ello pero no con las herramientas adecuadas y el objetivo claro.

Y muy por el contrario, somos formados como “repetidores” de los pensamientos de otros. Lo cual no estaría mal si a partir del pensamiento de “otros”, podemos perfilar el nuestro, produciendo ideas, relacionándolas, analizando todo cuando hay, siendo flexibles para entender las posturas de otros.

Para algunas personas, esto puede resultar agotador…quizás, no lo negamos…pero pensamos que es difícil sólo al principio. Que una vez superadas las barreras de las restricciones para “pensar diferente”, para decir lo que pensamos y expresar que algo no nos gusta o convence; quedará una vía en la que la reflexión es el motorcito que pone en marcha nuestras habilidades, la comprensión a partir de nuestra propia experiencia y modo de ver el mundo.

Vencer el miedo a el “qué dirán”, o …¿y si no les gusta lo que digo?, o…¿y si nos equivocamos?, etc., etc. Es decir todo aquello que nos llevan a interpretaciones en extremo subjetivas que no son otra cosa más que “posturas defensivas”, que más que contribuir, nos paralizan…

Y algo más sobre ésta especie de parálisis que podemos asumir… es cuando nos aferramos a la “esperanza”…La esperanza puede ser una invitación a la pasividad, sobre todo si la recibimos de los medios de comunicación y de personajes públicos o famosos, que suelen llenarnos de esperanza para que “esperemos” y no hagamos otra cosa.
Ojo con ello…

Finalmente, ayuda también a alcanzar el objetivo de conseguir un espíritu crítico, el saber que llevamos luz propia, que tenemos valor…saberlo nos ayudará a vencer el temor a preguntar, a decir…a ser criticados…

La crítica puede ser constructiva, puede hacernos dar cuenta de algo que ignoramos o que en su momento no vimos y por tanto ser una contribución más que un intento de desestimar o destruir.

“Nuestro valor no viene de los otros, viene de nosotros mismos”

“La luz que te fortalece está dentro de ti”

SAMSUNG DIGIMAX D530El equipo de Tiempo Terapéutico.
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Improvisar, ¿un arte o un problema?…

Depende de las circunstancias y la situación en la que se genere.

En música es un arte en tanto se puede ejecutar cualquier acción sin previa dirección y de manera espontánea. Jhosy JimenezRequiere cierto dominio técnico. Igual en el teatro, la danza, la poesía, o una disertación sobre un tema “X”, así como en un sinnúmero de tareas.

Semánticamente es realizar algo sin haberlo preparado con anterioridad. Es hacer frente a situaciones inesperadas con una respuesta apropiada, lo cual implica flexibilidad, adaptación, rapidez, atrevimiento, inmediatez, confianza en sí mism@…Es un plus en cualquier profesión u oficio poder tener ésta herramienta o valor añadido.

Sin embargo, no siempre se puede vivir al compás de la improvisación. Cuando se madura se va adquiriendo terreno en el área de la seguridad y control de las cosas, por eso ya no encaja tanto la espontaneidad, y la improvisación se reserva para momentos puntuales.

La experiencia va marcando un ritmo que incluye aspectos como la constancia, lo metódico, lo organizado y sistemático frente a los compromisos de tipo laboral, académico e incluso en lo familiar. Y no por ello perder la eficacia, la innovación ni la creatividad.

¿Qué pasa cuando se improvisa en el trabajo?

Si es un trabajo en solitario, pueda ser que tenga éxito o no. No se puede asegurar que salga del todo bien y a tiempo.

Si se trata de un trabajo grupal o compartido con “un otro”, las cosas cambian. Si uno improvisa sin el acuerdo del otro se está tomando la libertad de obviar el pacto inicial por el que las personas se reunen en torno a un proyecto; es desconocer que un trabajo se requiere coordinación de acciones para ejecutarse de manera impecable.

Las acciones y movimientos de un proyecto conjunto necesitan de una estructura y de sincronización para realizarse. El hacer todo con prisas, corriendo, a último minuto, como universitarios preparando exámenes un día antes (sin desmerecer que pueden tener éxito con éste hábito tan arraigado entre la población universitaria), con retrasos, sin dormir, con noches en vela (sin desmerecer igualmente a los noctámbulos que producen mejor de noche que de día), puede dar como resultado un trabajo chapucero (de baja calidad). Y hasta puede surgir un “atasco” (impasse) como consecuencia de la desorganización y el caos. Todo esto representa un velado desprecio y falta de respeto hacia el tiempo y expectativas “del otro” o de los otros…según el caso…Y claro no hay derecho!…es lo que de inmediato acude a la mente de quien no puede con las improvisaciones…

blackjack-y-dadosQuizás sea por éste fenómeno de la improvisación, que existen gobiernos, instituciones públicas y privadas que van azarosamente, surcando océanos en barquitos de papel, teniendo los recursos suficientes para empezar por la estructura de un barco de verdad que asegure que se llegará a buen puerto sin sucumbir a las tempestades del camino.

Cuando se organiza, planifica y se considera el factor tiempo como común denominador de las acciones, se pueden realizar comprobaciones, repetición de procedimientos y subsanación de errores que aumentarán la calidad del producto final.

Esta nota va dirigida especialmente a aquellas personas que se siente capaces de hacer todo en la vida por la vía de la improvisación,  o del azar…y bien por ell@s!… Pero que sepáis que no siempre os saldrá bien y que más de “un otro” quedará decepcionado por vuestra calidad personal o profesional.

 

Lilian Suárez B.

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La situación emocional del lactante (Melanie Klein)

MadreHijoKlimtEl primer objeto de amor y odio del lactante, su madre, es deseado y odiado a la vez con toda la fuerza e intensidad características de las tempranas necesidades del niño. Al principio ama a su madre cuando ésta satisface sus necesidades de nutrición, calmando sus sensaciones de hambre y proporcionándole placer sensual mediante el estímulo que experimenta su boca al succionar el pecho. Esta gratificación forma parte esencial de su sexualidad, de la que en realidad constituye la primera expresión. Pero cuando el niño tiene hambre y no se lo gratifica, o cuando siente molestias o dolor físico, la situación cambia bruscamente. Se despierta su odio y su agresión y lo dominan impulsos de destruir a la misma persona que es objeto de sus deseos y que en su mente está vinculada a todas sus experiencias, buenas y malas. (…)

El medio primario e inmediato de aliviar al lactante de la dolorosa situación de hambre, odio, tensión y temor es la satisfacción de sus deseos por la madre. La temporaria seguridad obtenida al recibir gratificación incrementa grandemente la gratificación en si; de este modo la seguridad se transforma en un importante componente de la satisfacción de recibir amor.
Esto se aplica a las formas de amor más simples y a sus manifestaciones elaboradas, tanto al niño como al adulto. Nuestra madre desempeña un papel duradero en nuestra mente porque ella fue la que primero satisfizo todas nuestras necesidades de autopreservación y nuestros deseos sensuales, proporcionándonos seguridad, aunque los diversos modos en que esta influencia actúa y las formas que a veces toma no resulten muy obvios en una etapa ulterior. (…)

La parte importante que desempeña el padre en la vida emocional del niño influye también en todas las relaciones de amor posteriores y en todas las asociaciones humanas. Pero el primer lazo infantil con él, como figura gratificante, amistosa y protectora, está parcialmente basado en la relación con la madre.

(Párrafos extraídos de “Amor, culpa y separación” de 1937)

Análisis de Tiempo Terapéutico:

Teniendo en cuenta el paradigma de M. Klein desde donde desarrolla y propone su teoría, pensamos que es importante tener en cuenta la manera cómo se van configurando desde muy tempranas edades, los estados y sensaciones más angustiantes, los mismos que provienen de la propia madre que pese a su entrega de los primeros meses (como por ejemplo el acto de alimentarle), por alguna razón no puede satisfacer por completo la necesidad del niño y es así que las sensaciones que surgen se tornan penosas, destructivas, agresivas y por ende resultan insoportables, configurando el Yo un sentimiento de relativa seguridad que abre el camino a la angustia depresiva. El proceso que sigue es complejo y está ligado a los mecanismos que entran en juego, como conciliación de los aspectos bueno y malo de un mismo objeto, la introyección progresiva de la madre como objeto total que genera inquietud y dolor ante la destrucción posible de ese objeto. Mentalmente esta lucha de amor y odio persistirá toda la vida
Por estas razones pensamos que es muy importante la actitud amorosa y comprensiva de la madre durante estos períodos. Su grado de conexión con el niño permitirá a éste diferenciarse de ella (su madre) e iniciar un proceso de simbolización gradual de su propia soledad (separación). En otras palabras, permitirá una adecuada estructuración del Yo del bebé.

 

Grabado:
Gustav Klimt

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Cometer errores…¿repararlos o gestionarlos?

“Cometer un error y no corregirlo es otro error”. Confucio.

No es tan sencillo como borrar en papel…goma-borrar-tecla
Las personas estamos expuestas a la situación de cometer errores, y es muy frecuente.
Cuando tenemos la certeza subjetiva que hemos hecho algo bien no es que surja de manera casual, tras ello hay una serie de errores “sistemáticos” que nos han ido marcando un aprendizaje, hasta que por fin lo hacemos bien.

Nuestra tendencia es sobreestimar la intensidad de las emociones que pensamos nos provocarán ciertos acontecimientos, por ejemplo pensamos que las emociones buenas se van a mantener por más tiempo, o sea a prolongarse. Lo mismo pasa con las emociones “malas”, y quizás más porque a veces llegamos a pensar que no nos recuperaremos de algún impacto negativo.

También está el miedo a cometer errores, lo cual representa un problema para aprender cosas nuevas o para hacer cambios. Por ejemplo, cambiar de trabajo. Casos en los que alguien aún sabiendo que le resulta un sufrimiento seguir, no se atreve a cambiar porque ello implica nuevos retos y/o habilidades por aprender. El miedo siempre será a fallar o a no adaptarnos y en consecuencia a no sentirnos bien.

¿Qué es mejor? ¿Reparar o gestionar los errores?
Depende de la situación. Hay momentos en que nuestra equivocación puede perjudicar a otros y es quizás donde mejor encaja la actitud de reparación, es decir reestablecer, arreglar, recuperar la confianza que se rompió en un momento a causa de un fallo producto de diversas índoles como falta de atención (descentración), falta de empatía (de ponerse en el lugar del otro), por impulsividad o precipitación…

El término “gestión” alude más a la posibilidad de hacer pequeños pasos o trámites en nosotros mismos con la intención de conducirnos hacia el logro de un objetivo que bien puede ser no cometer errores, en otras palabras, sería encaminarnos concientemente hacia la consecución de algo con la sensación de acierto.

En ambos casos, es primordial mantener una buena actitud, pensar o considerar los errores como  fuente de sabiduría, de aprendizaje y de conocimiento, una oportunidad. Los errores nos recuerdan que no somos infalibles, que siempre vamos a ignorar algo, que no podemos saberlo todo y que sin errores tampoco habría aciertos, y porque además nadie es perfecto.

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Estereotipias del terapeuta

 

No todos los tratamientos psicoterapéuticos son buenos, a veces pueden resultar prejudiciales. Quiero reflexionar sobre algunos aspectos que inciden en una práctica iatrogénica de la psicoterapia. La psicoterapia como cualquier disciplina de la salud mental se encuentra sujeta a diversas variables y entre ellas, a las características del terapeuta, las mismas que sumarán o restarán efectividad y beneficio a su praxis.
Nuestra práctica psicoterapéutica implica realizar un trabajo responsable y riguroso con la ética, poniendo suma atención a todo aquello que interviene interfiriendo un buen proceso terapéutico; no olvidemos que nos hacemos cargo del sufrimiento humano con la intención de acompañar al paciente en la elaboración de vías de resolución de sus conflictos.
A continuación nombraré algunos puntos que he podido observar, indagar en diferentes artículos y que pienso es conveniente observarlos con especial atención de modo que hagamos de nuestro ejercicio ante todo, un trabajo no sólo profesional sino también funcional y efectivo.

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  • La falta de flexibilidad del terapeuta o dicho de otra manera, a aquella praxis que se caracteriza por la repetición dogmática de enunciados (por ejemplo atribuir todo a las “resistencias”). Es una situación dónde el paciente no puede dialogar con el terapeuta porque éste último tiene la creencia de estar en posesión de la verdad, así como de tener una conciencia privilegiada. Esto es, que tiene una actitud soberbia en tanto no considera por igual al paciente, ni mucho menos compañero de trabajo, y lo peor, creerle incapaz de evaluar la situación y/o refutar sus puntualizaciones o interpretaciones.

 

  • En el intento de buscar explicaciones profundas a todo, el terapeuta puede invalidar o menoscabar la experiencia del paciente, insistiendo en que el significado de lo que dice, piensa o siente es otro. Esto es, que no cuida lo que dice, cómo lo dice y por ende ignora los efectos que tienen sus palabras. Así sólo conseguirá que el paciente se sienta molesto y hasta perseguido.

 

  • No salir del enfoque teórico con el que se maneja desde su formación (cualquiera que sea), no querer conocer otros y recharzarlos sin siquiera conocerlos. Esto es encasillarse, y desconocer que el carecer de una mentalidad inter y multidisciplinaria además de abierta a diferentes conocimientos puede reducir significativamente el campo de trabajo con el paciente limitando posibilidades y opciones.

 

  • La falta de conciencia del terapeuta acerca de sus propias actitudes y conductas (como por ejemplo, ignorar cómo responde a las necesidades y demandas del paciente), quizás se explique reconociendo que no ha pasado suficiente tiempo en el “rol de paciente”; esto es que tiene una formación incompleta o en déficit. Razón por la que no consigue neutralizar los propios elementos personales, que sin lugar a dudas interferirá en su práctica. Es más, cuando se carece de un trabajo didáctico, el terapeuta (o quien dice serlo) se encuentra muy limitado, no logrando entender el mecanismo por el cual transfiere sus afectos más básicos a sus pacientes, con el alto riesgo que implica gener movilizaciones innecesarias (en ambas direcciones, paciente-terapeuta y viceversa).

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  • Falta de empatía o respuesta sensible del terapeuta y calidez. Esto no se consigue con años de formación ni con un conocimiento cabal de la clínica y/o dominio de las técnicas de intervención. Quizás sea más cuestión de personalidad (formación y crecimieto personal) que no genera la confianza básica y suficiente para contener y seguir a su paciente de un modo respetuoso, amable y empático. Además de desafortunadas intervenciones verbales pueden mostrar una actitud distante, transmitiendo al paciente inseguridad y confusión, lo que hará difícil que haya un verdadero trabajo elaborativo. Por el contrario, lo que conseguirá es ir debilitando su autoestima a medida que confiera a su terapeuta todo el poder y el conocimiento absoluto de sí mismo, mientras que él se sentirá cada vez más vulnerable e incapaz de evaluar la realidad por sí mismo y mucho menos de tomar decisiones.

 

Lilian Suárez Bengoa
COP M-18289
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Efectos terapéuticos de la palabra

Muchas personas que nos consultan se quedan sorprendidas cuando se enteran que los psicólogos y psicoterapeutas no medicamos y más cuando transmitimos que el trabajo o técnica psicoterapéutica se realiza básicamente a través de la palabra; mejor dicho que el proceso terapéutico lo llevaremos a cabo a través de la comunicación verbal y la no verbal.

Para comprender éste mecanismo nos remontaremos a Iván Pávlov quien en su trabajo sobre la sugestión y la autosugestión, confirió a la palabra un valor terapéutico y profiláctico. Pávlov dijo que la autosugestión se produce por acción sugestiva de los procesos corticales que se relacionan con el segundo sistema de señalas (estímulos verbales). Proceso que explicaría fenómenos como el embarazo imaginario o la estigmatización de fanatismos religiosos o de alguna otra ideología.

Hoy en día, la mayoría de personas poseemos grandes cantidades de información como nunca antes el ser humano había poseído o tenido tan a mano. A partir de ello, por ejemplo podríamos tener la ventaja de conocernos mejor, sin embargo lo que dificulta ésta posibilidad es la poca profundidad con la que tendemos a conocer las cosas.

Una conversación que se lleve a cabo a través de palabras expresadas con tonos pausados, respetuosos y empáticos; un oído atento y receptor, con una mente alerta y paciente, son elementos que dan el impulso necesario para que actúen y fluyan el conocimiento, la reflexión, las preguntas, el discernimiento y la comprensión de la situación.

En las sesiones preliminares, los terapeutas hacemos la “anamnesis”, que consiste en traer a la memoria datos relevantes de la historia del consultante o paciente y en relación a su dolencia o padecimiento. Consiste en hacer preguntas que contribuyan a descifrar signos y síntomas con el fin de alcanzar una conclusión que oriente las posibilidades terapéuticas.

Los consultantes o pacientes necesitan sentirse escuchados y comprendidos. Esto es de por sí terapéutico en tanto pueden sentir apoyo y lo que es muy importante, confianza frente a sus temores. Lo ideal sería que los terapeutas podamos transformar el mero cuestionario clínico en una conversación capaz de explorar la psiquis conteniendo los miedos del paciente.

El proceso psicoterapéutico es una vivencia personal única, se realiza a través de la conversación entre los protagonistas, paciente y terapeuta, y ambos necesitan saber interpretar y comprender lo que se dice, lo que no se dice, desde dónde se dice y el por qué se dice. Todo ello en medio de la espontánea confianza que va surgiendo entre ambos, tal cual sinapsis o conexión intensa y auténtica cuyo efecto es lo curativo, lo terapéutico…es como una movilización al unísono cuya fuerza del deseo curativo del paciente y el conocimiento y habilidades de terapeuta se ejecutan en una sinfonía que actuará sobre los centros nerviosos específicos consiguiendo modificar estados mentales.

Las neurociencias nos permiten afirmar hoy en día que las palabras pueden modificar el comportamiento celular. Lingüistas rusos descubrieron que el código genético sigue las mismas reglas de todas las lenguas. El poder de la palabra sobre la salud, sostenido durante milenios por diversas corrientes de pensamiento, quedaría así confirmado o por lo menos en una dimensión de exploración e investigación.

Lilian Suárez B.
COP M-18289
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El efecto terapéutico de la palabra

¿Qué es el Tiempo Terapéutico?

Las personas vivimos diferentes momentos a lo largo de nuestra vida. Desde que nacemos pasamos por una serie de situaciones en las que podemos reconocer un tiempo entre el inicio y el final. Así, observamos que hay un tiempo para crecer y desarrollar físicamente, otro para crecer o madurar psicológicamente. Los tiempos o momentos se marcan etapas a lo largo de nuestro ciclo vital.  Son acontecimientos que transcurren más o menos con cierta similitud, en el género humano, en cuanto a los espacios de tiempo que ocupan y a los conflictos que representan. Así tenemos las crisis de la infancia, de la adolescencia, el abandono del hogar paterno, la vida en pareja, la paternidad o el envejecimiento.


Sin embargo, existen diferencias individuales que marcan aquello específico o particular para cada uno de nosotros en cuanto a la forma de vivir esos momentos. Una diferencia es el tiempo interno, el mismo que nos hace ser productivos o no en determinadas situaciones.  Es el estar listo para algo,  para emprender algo diferente, como por ejemplo cambiar de trabajo o iniciar una relación de pareja o ser padres.  Es la psicología personal, individual, la que nos hace vivir estos momentos de una manera u otra, es decir con buenas sensaciones o con frustración. Aquí, los pensamientos y las emociones juegan un papel determinante en el desarrollo del conflicto y su resolución.


Además de tener en cuenta las diferencias individuales, los terapeutas prestamos atención a la actividad del psiquismo ya que será determinante en la forma de actuar. Otras herramientas que necesitamos tener bien afinadas son la sensibilidad, la flexibilidad, el razonamiento intuitivo, el conocimiento de los padecimientos mentales y emocionales y la creatividad suficiente para hacernos preguntas reflexivas sobre lo que acontece a nuestro paciente o consultante.


El trabajo terapéutico además, está sujeto a un tiempo que determinará el proceso para conseguir un cambio o la mejoría de algún síntoma. Se trata del “tiempo terapéutico”.


Los terapeutas por lo general, iniciamos el trabajo estableciendo un diagnóstico que servirá para describir el funcionamiento psíquico y aquellos elementos que debilitan a la persona que consulta con el fin de establecer una relación entre los síntomas, la historia personal y la situación actual.  Los elementos que obtendremos de la evaluación diagnóstica y las relaciones que conseguimos establecer nos llevarán a plantear las hipótesis que nos permitirán planificar la psicoterapia o curso del tratamiento psicológico. Los terapeutas necesitamos de habilidades para la interpretación del  momento evolutivo del paciente y  gran  agudeza para observar las manifestaciones psíquicas y somáticas con el fin de integrarlas en el proceso terapéutico.


Otro aspecto importante es poder contemporizar nuestra práctica profesional con las necesidades y tiempos internos de cada paciente o cada consultante. No se trata de hacer lo mismo con todos y cada uno, hay que elegir el mejor camino según la persona y su demanda con el fin de conseguir el “cambio” o la “cura” deseados.


Finalmente, tener en cuenta que todo es dinámico y por tanto los cambios son una constante. Bienestar y malestar siempre estarán en movimiento, y los efectos que producen en las personas también son susceptibles de modificaciones. La tendencia natural son los movimientos hacia la salud, la fuerza curativa para la cual el tiempo es un instrumento esencial.


Lilian Suárez Bengoa.

COP M-18289

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Si deseo una mayor rentabilidad en cualquier aspecto de mi vida, debo invertir. Uno de los recursos más valiosos que poseemos todos es el tiempo...

La filosofía de Tiempo Terapéutico

 

Vigencia del Psicoanálisis

La tesis básica freudiana señala que nuestras motivaciones permanecen en nuestro inconsciente, ocultas, debido a una fuerza represiva que las aparta de la conciencia.
Tal represión es necesaria en tanto los impulsos instintivos se expresan bajo forma de fantasías infantiles, pasiones incontroladas, deseo sexual y agresividad.

Freud explicó que los trastornos mentales se producían cuando fallaba ”el sistema represivo”, dando así lugar a la expresión de ataques de pánico, obsesiones y fobias.

El método que creó, el psicoanálisis, pretendía rastrear los síntomas hasta dar con la raíz inconsciente y exponerlos a un juicio racional con el fin de disminuir su fuerza compulsiva.

Tesis que fue muy cuestionada por la biología que intentó dar explicación a los trastornos mentales. (años ’50 del siglo XX) a través de desajustes de los componentes químicos.

Divan Freud

Museo-casa Freud. Londres

Posteriormente las investigaciones se orientaron hacia la búsqueda de estos componentes, dando explicación de cuadros psicopatológicos. Por ejemplo la depresión se atribuyó a desarreglos químicos y se dejó de contemplar que se trataba de un debilitamiento de los afectos infantiles que residen en el psiquismo.

Hoy en día, afortunadamente, se intenta integrar ambos enfoques, no se descarta el desajuste químico ni la influencia de la historia personal sobre las manifestaciones psicológicas del estado de ánimo.

De modo que la teoría de la represión, el modelo estructural de la mente diseñado por Sigmund Freud, Ello, Yo y Superyo, además de la teoría de los procesos mentales conscientes e inconscientes, tienen amplia vigencia para el diagnóstico, tratamiento e investigación de los padecimientos psíquicos.

Tiempo Terapéutico
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Reflexiones en torno a la abstinencia y neutralidad.

La abstinencia es un principio de la técnica de tratamiento psicoterapéutico según el cual el terapeuta debe conducir el proceso con “neutralidad”, de modo tal, que el paciente encuentre el mínimo de satisfacción sustitutiva de sus síntomas. Este fenómeno surge como efecto de la transferencia en la relación del trabajo terapéutico. Un ejemplo de ello sería la demanda (no consciente) que el terapeuta actúe o desempeñe distintos roles (como lo representarían sus figuras parentales, pareja, jefe, amigo, etc.).

La neutralidad es otro principio por el cual el terapeuta debe ser neutral en cuanto a valores religiosos, morales y sociales, es decir, no tiene que dirigir la cura en función de un ideal; neutral también con respecto a las manifestaciones transferenciales, en cuanto al discurso del paciente, es decir, no conceder a priori una importancia preferente, en virtud de prejuicios teóricos, a un determinado fragmento o a un determinado tipo de significaciones.

Vamos a remontarnos a principios del s. XX (entre los años 1912 y 1918) cuando Freud se encontraba trabajando sobre la técnica psicoanalítica. Por entonces ya había teorizado el fenómeno de la transferencia, la sexualidad infantil, la neurosis y empezaba a desarrollar conceptos sobre una práctica con una entidad casta y pura del psicoanálisis y de quienes lo aplicaban. De ahí que surgiera la condición que, para ser analista había que haberse analizado por un experto en la técnica. Es decir que la práctica psicoanalítica se había convertido de alguna manera en dogmática, y si lo pensamos, muy contraria a todas sus conquistas en cuanto a liberación de la represión de la dominación cultural, familiar y social.

¿Se puede ser abstinente y neutral en relación a la cultura?
¿Se puede separar de manera absoluta la vida personal del terapeuta y el desempeño de su función?
¿La abstinencia rigurosa no se parecería más a la indiferencia? ¿Qué pasa con la subjetividad y la empatía, dónde quedarían? ¿Qué pasa con la contratransferencia?
¿Actualmente siguen teniendo la misma validez la neutralidad y la abstinencia en el vínculo terapéutico?
¿Podría plantearse reajustes en estos principios que son básicamente el comportamiento del terapeuta en el proceso terapéutico?
Podemos pensar que de existir un Freud actual… ¿Habría hecho reajustes en su planteamientos?

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